lunes, 2 de mayo de 2016

FISIOTERAPIA DE VERDAD Y NO LA GERIÁTRICA

Hace unos días, visitando una residencia de mayores asistidos (muy asistidos), me crucé con la fisioterapeuta del centro, conocida de hace años. No se quedaba al almuerzo festivo, tenía otro trabajo por la tarde. Unas horas, pero fisioterapia de verdad, que le daban la vida profesionalmente. Me explicó que el trabajo en la residencia le resultaba frustrante, que no conseguía nada. Y lo poco que conseguía no se utilizaba en planta. 

Me entristeció. Se que es buena profesional, que se esfuerza día a día por dar lo mejor en la sala de la residencia. Entonces ¿Qué pasa con la fisioterapia en geriatría?

La fisioterapia está en pleno crecimiento dentro de la geriatría. Se requiere de profesionales en todos los ámbitos -dejemos a parte la remuneración, la carga de trabajo, el conocimiento real del trabajo que desempeña por parte de los jefes...-. Sin embargo, no se siente en la profesión como una opción tan válida como las demás. Como si fuera de menos lustre. Mola más la deportiva, la hospitalaria, la pediátrica. Cualquier otra ¨mola más¨. 

Creo que el desconocimiento sobre la fisioterapia en el campo de la geriatría es inmenso. Muchos creen que es hacer lo mismo que en hospital, pero siempre con pacientes viejunos. Tratas una fractura, una insuficiencia respiratoria, un ictus, etc.

Otros creen que es eso tan en boga, del envejecimiento activo. Un montón de mozos y mozas canosos, que hacen ejercicio, suben brincando las escaleras del parque para jugar con sus nietos  y ganarles a comer gominolas.

Otros creen que es algo tétrico, triste, porque trabajas con personas con un pie en el otro barrio y con los que no puedes conseguir nada.

La fisioterapia en geriatría es todo eso y mucho más, menos tétrica. 

Hay que redescubrir una disciplina intensa, amplia y variada. Es una disciplina o especialidad, dentro de la fisioterapia, no tanto por las técnicas especiales y únicas (la técnica mili o la técnica Pili), como por los modos de aplicación de esas técnicas y su adaptación a unas especifidades propias del envejecimiento. Engloba todos los aspectos de la persona y la salud, todas las partes del proceso de atención a la persona. Pero también hay que trabajar multidisciplinariamente, y de manera holística. Hay que saber valorar la funcionalidad, la independencia, las variaciones en todos los órganos y aparatos.

Y no es lo mismo tratar con uno de esos mayores que van a todas partes, con la cámara, la toalla y las deportivas. Que tratar con los grandes incapacitados, con aquellos que tienen una movilidad reducida. Y si quieres aplicar los mismos objetivos a unos y a otros es frustrante. Y en ambos casos, la fisioterapia ha de estar presente. Es imprescindible. Y más en este último grupo. 

Pero ¿Qué vamos a conseguir con gente que no camina, que no come, que no es continente? Pues tendremos que sentarnos a meditar qué puede hacer la fisioterapia por ellos. 

¿Os imagináis que un fisio en palitivos buscara otro trabajo porque no consigue nada? O puede que en paliativos tengamos mucho más claros los objetivos. Unos objetivos bien grandes y bien importantes: calidad de vida, comodidad, alivio sintomático...

Pues si en el proceso final de la vida -en un centro hospitalario- es tan importante, tanto más en uno de nuestros centros con usuarios asistidos y grandes dependientes.

La fisioterapia en geriatría abarca un rango de edad muy grande, con unas variaciones funcionales enormes. Es necesario profundizar en el proceso de envejecimiento, que es algo fisiológico -no es enfermedad- y en las patologías que se presentan. Tanto las comunes con otras etapas de la vida, como aquellas más frecuentes en edades avanzadas. Teniendo en cuenta que hay una variable muy importante, las patologías trascienden los órganos y sistemas. Se requiere un gran control de todas esas implicaciones para poder hacer un tratamiento correcto.

El objetivo del tratamiento es mantener la funcionalidad al máximo, conseguir la máxima autonomía en las actividades de la vida diaria, dar calidad de vida SIEMPRE. Independientemente del punto en el que se encuentre.

Repensemos una especialidad, cursos de formación en este campo tan complejo, etc. Apenas si encuentras algo.

Siento envidia sana de esas jornadas del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Catalunya  

Hay un gran futuro en el campo de la geriatría. Y necesita que se le ponga el foco.

sábado, 10 de octubre de 2015

NOSOTROS QUE MALTRATAMOS

En mi residencia, en toda residencia que se precie, tenemos un montón de familiares. Un montón de familiares que se quejan. Puede que no sean muchos, pero se hacen notar bastante.

Seguramente tienen razón. A fin de cuentas, si lees sus quejas, sus múltiples quejas, no sabemos poner pañales, ni cambiarlos. No tratamos sus patologías a tiempo. Los medicamentos que ponemos son caros, o pocos, o muchos, o se pierden, o se acumulan. Nosotros somos los que no sabemos cuándo poner a su padre al baño, cuando cambiarle la ropa, cómo darle la comida.

Si seguimos las quejas, nuestros abuelos están caquéticos, ulcerados, infecciosos perdidos. Ellos alertan sobre la necesidad de cambiar los profesionales que cuidan a su madre, los médicos, los fisios que no hacen que vuelva a caminar. Nadie sabe cómo identificar ese cambio de comportamiento, esa pérdida de marcha, ese babeo.

Tenemos familiares que nos descubren cada semana, como unos cuidadores pésimos, unos profesionales malísimos, una institución descontrolada. etc.

Pero ¿Y ellos? ¿Cómo se retratan en sus quejas? Porque sinceramente, ellos quedan todavía peor.

O ¿Qué pensaríais de una persona que tiene a su madre en una institución que maltrata, que favorece la enfermedad, que no cuida ni la salud, ni las necesidades básicas de la anciana?

Pues para mi, si la residencia maltrata, el familiar es todavía peor. No es sólo cómplice, es culpable de dejar a su amado padre en una institución tan horripilante como la nuestra.

Por mucho que no deje de quejarse, no deja de ser llamativo que no pida traslado, que no se vaya con la mujer a su casa, a otra residencia. 

En algunos casos, es una forma de vehiculizar un sentimiento intenso y profundo de culpabilidad. Nuestra sociedad, tan moderna ella, dice que tiene centros para cuidar como se merece a nuestros mayores. Pero la cultura, la tradición, nos tatuó que cuidar a los mayores en casa es lo que hay que hacer. Que los hijos deben cuidar a sus padres. En casa, claro.

En otros es un signo del carácter insatisfecho del hijo, hija, nieto, sobrino o vecina próxima.

Ojo, que no digo que muchas tengan una base real. En mi caso, trabajo en una institución muy grande, con muchos profesionales, con una gran variedad en el grado de profesionalidad, conocimientos, experiencia y amor propio. 

Si, tenemos mayores a los que no se les cambió correctamente el pañal. Alguno se ha caído. A otro le dimos sin querer con la pala de la silla en la pierna y le herimos. No siempre sabemos priorizar las necesidades de los residentes que comparten módulo.

Y si, hay profesionales que dejan mucho que desear, hay profesionales que son descuidados, que ni son buenos compañeros.

Pero, os prometo que no tantos como algunos familiares pueden dar a entender, con sus millones de quejas.

La mayoría estamos ahí, porque nos gusta nuestro trabajo, porque nuestros abuelos son parte de nuestro adn. La mayoría vigila la dieta, el aseo, la presencia y los estados de ánimo de cada uno de ellos. La mayoría se conoce a todos los familiares y sus vidas. Conocen hasta como miran cuando algo va mal, cuando la infección no ha dado ni fiebre, cuando el estado de ánimo de nuestro abuelito baja.

No somos perfectos, pero intentamos dar la mejor cara de nuestro trabajo.
Las generalizaciones no son buenas, no son verdad. Una media mentira, nunca es una media verdad.

domingo, 4 de octubre de 2015

DIMES Y DIRETES GERIÁTRICOS

Hace un par de días, concretamente el 1 de octubre, fue el día mundial de las Personas Mayores. Las redes sociales, los discursos, los organismos públicos y privados, se llenan de actividades, de actos, de buenas voluntades.
Sobrevolaron nuestras cabezas las grandes frases y las palabras redondas, de esas que llenan la boca de quien las pronuncia. Y, la verdad, algunas cansan.  Traídas por los pelos, generalizaciones, prejuicios, palabras cargadas de un equivocado buenrollismo. Hablo, por ejemplo, de la eterna confrontación entre cuidados familiares -en la casa- y cuidados institucionales. Como si fueran los dos lados de la misma moneda. Lo bueno y lo malo. El cielo y el infierno. 

Como si el cuidado en casa fuera lo mejor para TODOS los mayores- Como si TODAS las familias pudieran prestar "adecuadamente" estos cuidados. Como si TODAS las residencias puedan el final, el olvido, el compendio de los malos cuidados. El amor frente al abandono. Los cuidados frente al maltrato...

En mi residencia nos esforzamos por dar unos buenos cuidados, por hacer el trabajo con orgullo y profesionalidad. Es injusto para nosotros, para las familias y para los propios mayores, generalizar que las residencias son el último escalón, el fin. Porque así los mayores sienten su ingreso como un abandono y las familias cargan para siempre con el complejo de no haber sabido/podido/querido cuidar a sus seres queridos.

Dejemos a un lado que hay buenos y malos centros y buenos y malos profesionales. Como también pasaremos por alto la existencia de familias  buenas y malas, estupendas y maltratadoras, abuelos acompañados o abandonados en casas con barreras arquitectónicas, etc.

Para la mayoría -desde mi punto de vista-, lo mejor sería quedarse en su entorno habitual. Que éste esté adaptado y que se les presten los cuidados necesarios in situ. Tener a su disposición cuidados sanitarios profesionales, lavandería, limpieza, catering, educación, ocio, etc. Podrían vivir solos o con su familia. Pero con la máxima libertad y autonomía.

Y, cuando esta no fuera la opción más aconsejable, o el propio individuo lo eligiera, pasar a un nivel superior. Centros asistenciales donde recibir los cuidados que ya no pueden darse en el entorno habitual. Donde poder cuidar a mayores con patologías complicadas, por su sintomatología o por los cuidados a recibir.

Seamos justos. Exijamos unos cuidados satisfactorios en todas partes y por igual. Dotemos a los profesionales, las instituciones y las familias en la proporción, cantidad y especialización correspondiente. 

Y terminemos con las frases baratas y falsas.




lunes, 7 de septiembre de 2015

NOS VEMOS POR LOS BARES

A estas alturas, todas sabéis que me marcho del centro. Tras diecisiete años como fisioterapeuta de nuestra residencia, cierro una etapa importante de mi vida.

Acepto un nuevo reto. "Me paso al enemigo" jejeje. Me incorporo como jefa de área en la residencia Nuestra Señora De El Carmen. 

Ala, así sin anestesia. Dios les pille confesados.

A continuación vais a leer un montón de cursadas y palabras trilladas, pero reales y sentidas.

He compartido todos estos años con grandes profesionales. Sois buenas, que nadie os convenza de lo contrario. He aprendido de todas (permitir que hable en femenino por la inercia de una mayoría abrumadora, pero hablo para todas y todos). Desde los compañeros de servicios generales hasta los directores. Pasando por administración, recepción, mantenimiento, cocina, auxiliares de hostelería, auxiliares de enfermería, enfermeras, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, trabajadoras sociales, doctoras y jefes de área. Disculpar si me olvido de alguna, estáis todas incluidas.

He aprendido de todas, porque todas me habéis ofrecido vuestro saber hacer profesional y vuestra calidad humana. Hasta las alumnas me han dado un par de lecciones, desde aquellos alumnos de fisioterapia, pasando por las gerocultoras (¡Qué bien vendrían ahora!), hasta nuestras queridas alumnas de EIR y MIR.

De las de ahora y de tantas compañeras que han pasado por aquí. Me habéis enseñado lo que hay que hacer en cada puesto y el cómo. Me enseñasteis lo que es estar al pie del cañón. A superar dificultades y problemas personales. A dar el ciento uno por cien.

He descubierto que el servicio regional cuenta con un material humano que no se merece.

Algunas personas también me han enseñado "lo que NO hay que hacer", algo muy importante también. Pero bueno, eso me lo guardo.

No dejéis que os roben lo auténtico. Ya os digo, sois grandes profesionales. Sabéis dónde encontrarme. Os deseo lo mejor a todos los niveles. A todas, sin diferenciar puesto, turno, si estáis o estuvisteis.

Nos vemos por los bares... O más seguramente por las redes.

Os quiero.

lunes, 20 de julio de 2015

MIENTEME Y TE TRATARÉ MEJOR

Hace unos días tuvimos un ingreso en la residencia. Al ser una residencia de personas asistidas, este año estamos teniendo mucho movimiento. Pero hacemos lo que podemos.

Ingresó la mujer a primera hora de la tarde. Por eso y porque yo valoro unos días después del ingreso, para que sea más ajustada a la normalidad -no hay tanta urgencia como la medicación, la nutrición, la incontinencia, etc-, no había hecho todavía mi valoración de ingreso.

Sin embargo, al día siguiente, tanto algunos compañeros, como el propio esposo (sólo ingresó ella por deterioro cognitivo moderado-severo), acudieron a mí para que le facilitara un andador. Que si Julia -por ejemplo- no puede caminar sola, que si se va a caer, que si se lateraliza mucho, etc.

Subí, hablé con las auxiliares que habían compartido sus primeras horas y, tras ese escaso margen observaciones  comentaron que si que podría tener una marcha independiente, que se levantaba sola, que se volvía a acostar y tal. Bien, subimos un andador y, con nosotras, Julia parecía manejar bien el andador. Así que se lo dejamos unos días, para observar entre todos.

Para mi sorpresa, al día siguiente me entero que la mujer ha pasado a la Unidad de Atención Psiquiátrica. No sólo camina sin el andador, sino que sale disparada. Se mete en cualquier habitación, en el ascensor, baja plantas, se va hacia el jardín, etc. Que las compañeras de la tarde se han pasado media jornada buscándola por las esquinas.

Es un ejemplo. Julia camina con cierta lateralización, pero no tan necesitada como el marido nos había hecho pensar inicialmente, no necesita andador, ni un apoyo continuo de una persona que la sujete, ni tampoco que la sienten en una silla. Con su actitud, con sus palabras y sus indicaciones, nos solicitaba unas atenciones por encima de las que su esposa necesita ¿Motivo? Él lo sabrá.

Pero es demasiado frecuente el encontrarnos expedientes infra o sobrevalorados. Tras más de dieciocho años en geriatría, he visto informes de todo tipo. Incontinentes que según la familia no lo son. Autónomos para el aseo que ni cogen una esponja o no saben dónde tienen la cara. Gente que ingresa en silla de ruedas y ¡Oh, sorpresa! Camina y se larga a las primeras de cambio. Personas que de cabeza están estupendas, que se pasan la mañana angustiadas porque les han dicho que van al trabajo y aquello no es su estación ferroviaria de toda la vida. 

Una mezcla de vergüenza ante la discapacidad del ser querido (o familiar a secas), un miedo extremo a que nos la devuelvan por "buena" o por "mala", sobre el perfil real. Puede que "Ya que entra y lo pago" pues que le "hagan todo". Y no, no estamos para eso. Estamos para prestar los cuidados justos, potenciar las capacidades y dar la mayor comodidad posible. Cuidar pero no suplantar.

En las residencias -por lo menos en las públicas, no por nada, sino porque son las que conozco- no queremos "setas" (permítanme una palabra tan agresiva para describir el cuadro), por mucho que algunos lo piensen o lo busquen -que de todo hay, como en botica-. Tampoco queremos desentendernos de ellos. Queremos saber en qué punto están y qué podemos hacer para alargar sus potencialidades. 

Si, es verdad, no siempre lo conseguimos, no siempre sabemos. Y si, no siempre todos queremos. Pero, por favor, no nos mientan al ingresar. No ganamos nada y perdemos mucho. Sobretodo el interesado, nuestro residente.

Julia ha sido reubicada en los grupos de terapia ocupacional, de fisioterapia, de aseo, de planta, de comedor, etc. Porque no se nos facilitó una imagen lo más real posible de su situación. En algunos casos, esos cambios, desequilibran y no ayudan ni a la casa, ni al personal, ni la asistencia, ni al propio usuario.


viernes, 15 de mayo de 2015

"Las mujeres se pisan para progresar" Ese mito

Hace muchos años, una amiga me decía que prefería trabajar con hombres. Su razonamiento: que que las mujeres eran malas compañeras, que nos hacíamos la zancadilla, que nos pisábamos para "trepar".

Creo que le gano por goleada, en eso de trabajar con mujeres. Siempre me he desenvuelto en ambientes laborales mayoritariamente femeninos. Y no puedo estar más en desacuerdo.

Lo que yo he visto son equipos colaboradores. Y personas torcidas.

Nos han inculcado la desconfianza frente a otras mujeres. Que si no te fíes, que si no te va a facilitar ayuda, ni contactos, ni medios. Que todas tenemos un juego de puñales (seguramente comprado en "La tienda en casa").

Creo que ha sido más un bulo. O fruto de la mala educación recibida. Y, si pienso mal, una idea que busca el "divide y vencerás".

Pues no, señores. Quiero llevarles la contraría. Me muevo, potencio y estimulo la cooperación, la relación, el trabajo conjunto de las mujeres. 

Seguro que más de uno/a dirá "¿No estás discriminando a los hombres?". Pues no. No caigamos en esa trampa. Las mujeres, en el mundo, juegan con menos equitación, más solas y con más dificultades. ¿Cuántas mujeres tienen una empresa?¿Cuántas están en las juntas directivas?¿Cuántas son ministras o presidentas?

No es lógico. Somos la mitad de la población mundial -miles arriba o abajo-. Y casi no pintamos una mona. 

No hablo de promocionar a una mujer que no está preparada. Si no de potenciar a las que son buenas. A todas las mujeres que están preparadas. Facilitar el juego en completa igualdad. Que no sea "normal" hablar del estado civil, la familia y el modelito, si hablamos de una mujer. Y de éxitos profesionales, deportes y estudios, si es de un hombre.

Que no se pregunte a una mujer "Si le merece la pena renunciar a la familia, los hijos..." Y ni se lo planteen si es un hombre el entrevistado.

Porque sólo a través de la igualdad, los hombres también conseguirán derechos como el de la paternidad, el cuidado de los hijos. Y todo aquello que incumbe a hombres y mujeres por igual.